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El cascabel se llama laicismo y el gato se llama Estado español. Entre el cascabel y el gato se interpone un escarmentado perrazo llamado Iglesia Católica que sabemos cuánto ladra, pero no cuánto muerde. El nuevo Gobierno ha amanecido cascabelero y se compromete a reformar la Ley de Libertad Religiosa, aunque no dice cuándo, cómo ni cuánto. Sobre todo no dice cuánto. En la Conferencia Episcopal deben estar temblando de puro miedo. Mira cómo tiemblo, amadísimo Gobierno. La vicepresidenta De la Vega compareció ayer ante la prensa no para mostrar la campanilla laica propiamente dicha, sino para anunciar que el Gobierno tiene preparado un lindo cascabelete para colgar del cuello del Estado, pero sin ofender ni ir “contra nadie”.
El problema, como viene sucediendo de un par de siglos a esta parte, no está en los ofensores, sino en los ofendidos, en esa apretada falange de humillados imaginarios dispuestos a armar la de Dios es Cristo si a algún Gobierno legítimo se le ocurre, pongamos por caso, cumplir la ley con treinta años de retraso y hacer efectivo el laicismo implícito de todo Estado constitucional. Pero la dirección de la Iglesia es experta en ofenderse sin que medie ofensa alguna y, a su vez, el Gobierno teme el gran talento eclesiástico para incendiar los corazones de sus indiferentes parroquianos, la mayoría de los cuales, por cierto, han dejado de ser católicos pero todavía no lo saben. Como no lo quiere saber la Iglesia ni se atreve a saberlo el Gobierno.
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I. Educarás en igualdad
En España hay 17.000 colegios de titularidad pública y 7.000 concertados o privados. Casi 2.500.000 alumnos de enseñanza no universitaria —uno de cada tres— estudian en centros concertados de ideario religioso. El Estado los financia con fondos públicos, pero deja su gestión en manos de instituciones religiosas. Este modelo es el pilar en el que se sustenta la influencia católica en la sociedad. Históricamente, la Iglesia ocupó así una responsabilidad desatendida por el Estado. La recuperación de la democracia no reformó este modelo, consagrado en el Concordato de 1979.
II. No sermonearás fuera del púlpito
La asignatura de Religión "interrumpe el funcionamiento común del horario lectivo e impide que ese tiempo se dedique a otro tipo de aprendizajes", según denuncia la plataforma Por una Escuela Laica. Los acuerdos con la Santa SEde y la LOE convierten la doctrina católica en una asignatura de oferta obligatoria para los centros y de carácter voluntario para el alumnado. El Estado paga a los profesores de Religión, aunque los seleccionan los obispos. La Religión ocupa casi 1.000 horas lectivas en las etapas de Infantail y Primaria y 450 horas en la ESO, tanto como la educación física o artística.
III. No impondrás tus símbolos al Estado
El pasado jueves, los máximos representantes de los tres poderes del Estado acudieron al funeral de Estado celebrado en la catedral de La Almudena, en Madrid, por Leopoldo Calvo Sotelo. Ni el Jefe del Estado ni el del Ejecutivo presiden esa ceremonia religiosa, quien lo hace es el Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Es el último ejemplo del sometimiento ocasional del Estado a la máxima expresión del poder católico en España. La jerarquía católica bendice cada momento clave de la vida institucional, casa al heredero de la Corona, bautiza a sus hijos y preside los funerales de Estado.
IV. No mezclarás la gloria terrenal y celestial
El arraigo de la Iglesia católica en España hace que se confundan en no pocas ocasiones las celebraciones de carácter festivo o histórico con las religiosas. El himno nacional saluda en Semana Santa la salida de cada procesión y el viernes santo las banderas de los cuarteles ondean a media asta en señal de duelo. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado escoltan iconos religiosos en celebraciones públicas, y las autoridades civiles acompañan a los representantes católicos en manifestaciones puramente religiosas. Los colectivos laicistas exigen que se evite esta mezcla de representaciones.
V. No acapararás las fiestas del calendario
El calendario laboral para 2008 recoge un total de doce fiestas nacionales para todas las comunidades autónomas. La mayoría tienen su origen en celebraciones religiosas que, a su vez, nacen de ritos paganos y tradiciones anteriores al calendario cristiano. Sólo cuatro celebraciones conmemoran eventos no religiosos: el día de la Constitución, el 1 de mayo, el 12 de octubre, Fiesta Nacional, y la festividad de cada comunidad autónoma. Los homenajes civiles están casi excluidos del calendario; el día internacional de la mujer no se celebra, pero sí el de la Inmaculada.
VI. No invadirás instituciones públicas
La presencia de representantes católicos en instituciones ajenas a la Iglesia es notable. Hay capillas, y capellanes, en hospitales, universidades y centros penitenciarios. El Concordato garantiza este privilegio, que alcanza cotas especialmente relevantes en las Fuerzas Armadas. El trato favorable que recibe la Iglesia católica en el ámbito militar se recoge en los acuerdos Iglesia-Estado de 1979. Su manifestación más anacrónica es el denominado ‘derecho de presentación’, aún vigente, por el que el Rey propone al Papa un nombre para el cargo de Vicario General Castrense.
VII. Cederás tu patrimonio al Estado
A lo largo de los siglos, la Iglesia, privilegiada por su bienes, ha conformado buena parte del patrimonio artístico español. ¿De quién son joyas como las catedrales de Burgos o León? ¿Pertenecen a la Iglesia católica o a la Humanidad? El concordato de 1979 establece que “el patrimonio de la Iglesia sigue siendo parte importantísima del acervo cultural de la nación”. Así justifican la colaboración entre las administraciones y la Iglesia para la conservación y cuidado de una herencia monumental cuya titularidad es privada. Los fondos públicos garantizan la necesaria pervivencia de este patrimonio.
VIII. Acatarás la ley de datos
La apostasía es el procedimiento por el que se abandona la Iglesia católica después de entrar a formar parte de ella mediante el bautismo. No existe un registro oficial de apóstatas. Media docena de iniciativas —de carácter municipal— intentan paliar esta carencia. Apostatar es un derecho, sin embargo, la Iglesia envuelve con trabas las peticiones de apostasía. Algunos obispados piden al solicitante las explicaciones que no reclamaron al bautizarle. Las parroquias no suelen borrar al apóstata de su libro de bautismos, sólo hacen constar, junto a su nombre, su declaración de ser dado de baja.
IX. No utilizarás los medios públicos
La Iglesia católica dispone de espacios públicos, gratuitos y semanales en las televisiones públicas. La Iglesia evangélica ha denunciado que la confesión católica dispone de tres horas y media semanales en RTVE frente a los cinco minutos que concede a las confesiones minoritarias. Los actos litúrgicos de cada domingo son emitidos por el canal público, acomodados entre programación confesional. La 2 de TVE programó durante la pasada Semana Santa una celebración diaria durante cuatro días consecutivos, además de retransmitir procesiones y otros contenidos de carácter puramente religioso.
X. Te autofinanciarás
La actual campaña de la Renta es la primera desde que nació el IRPF en la que la Iglesia no percibirá la cantidad anual que le entregaba el Estado a fondo perdido. La Iglesia se servirá así de una declaración pública de impuestos para percibir el 20% de su presupuesto. Hacienda gestiona y facilita de esta manera la provisión de fondos para sostener a la Iglesia católica, exenta, hasta este año, de pagar tributos como el IVA. La autofinanciación es un objetivo recogido en el Concordato, pero la Iglesia no ha puesto nunca especial empeño en conseguirla.
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Las exequias por el ex presidente del gobierno Calvo Sotelo me trajeron una imagen del pasado que diría que se trataba del NODO del régimen franquista si no fuera por el color arrebatado de la televisión. Y vaya color. Estaba José Bono, la máxima autoridad del Congreso, ejerciendo de anfitrión a pie de escalera en la recepción de autoridades, entre leones de bronce, cuando aparece el Cardenal de Madrid, Rouco Varela, vestido discretamente de púrpura cardenalicia, el mismo día en que la revista Intervíu desvestía en portada, también discretamente, a su sobrina.
No sé si era por vergüenza, o por cuestiones morales, o porque pensaba que a las tetas de su sobrina les faltaba cierta lozanía, o porque se le venía encima un funeral por el que no podía cobrar; el caso es que el cardenal traía cara de pocos amigos.
Pero allí estaba José Bono, la tercera magistratura del Estado, para recibirle, inclinando servilmente la cerviz para besar la mano del cardenal talibán. ¿Será un aperitivo de lo que nos espera? ¿Por qué tenemos que soportar esta afrenta de ver al presidente del Congreso, nuestro máximo representante en una democracia parlamentaria, escenificando públicamente en actitud babosa el ritual servil de sus creencias religiosas?
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En el caso del Yak-42, no se quiere coger al toro por los cuernos. Hay muchas cuestiones por resolver. Una, moral, que no tiene remedio: el desprecio con el que se trató la memoria de las víctimas, precisamente por los que tienen la patente de su defensa. No fue un accidente ordinario. El avión, como se demostró después y habían denunciado los pasajeros en otras ocasiones, no reunía las mínimas condiciones de seguridad exigibles para volar. Ni siquiera era un vuelo barato. El presupuesto del transporte de militares menguaba según pasaba de mano en mano. Como la cosa olía muy mal, desde el Gobierno intentaron tapar el caso, pero chocó con la resistencia de las familias. Cuando exhumaron cadáveres (algunos habían sido incinerados), se descubrió que ni uno solo se correspondía con la identificación asignada y, en muchos casos, había restos de cuerpos diferentes: ¡una vergüenza! Lo demás: amenazas a las familias, manipulación, otra vez, a través de la prensa afín, desprecio y falsedad del entonces ministro Federico Trillo, ascenso y traslado de militares implicados, decisiones sorprendentes de la Justicia con intento de archivo, corregido por instancias superiores (el juez Grande-Marlaska concluyó que la identidad del fallecido no es importante, sólo el lugar y la causa de la muerte ¿?). Todo para evitar juzgar a los responsables de unas muertes que nunca debieron producirse, ya que, según parece, la mala gestión del dinero, a beneficio de terceros, y no otra, fue la causa de un accidente en el que perdieron la vida 62 personas que tenían nombre y apellidos, y familiares, insultados, difamados y amenazados, por ejercer el derecho más elemental de nuestro sistema: ¡exigir justicia! ¿Hasta cuándo?
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Sin ningún rubor, Esperanza Aguirre ha manifestado: “La única respuesta capaz de explicar aquella rebelión popular es aceptar que los españoles de 1808 tenían plena conciencia de que España era una realidad histórica… de la que se sentían dueños”. Esto es una solemne tontería. Y no empleo una expresión manida, es que eso es una tontería que se suele afirmar de manera solemne… ¿pero qué “conciencia de nación” ni qué monsergas? La única conciencia de aquella pobre gente era aliviarse del frío en invierno y del hambre durante todo el año. Por cierto ningún señorón o señorona de abolengo (los que se llenan la boca de “nación” y “patria”) fue fusilado los siguientes días. Aunque no resulta extraño que algunos defiendan el 2 de mayo. Si España se hubiera afrancesado, habría sido una nación laica, culta, desarrollada e ilustrada y quienes insultan a pobres mujeres víctimas del terrorismo lo más que conseguirían es una plaza de reponedores en Alcampo. Resulta, por otra parte, patético que un pueblo se subleve para traer al abominable Fernando VII (el “rey de las tres efes”: felón, fofo y feo) pero que permanezca impasible frente a la invasión de Los cien mil hijos de San Luis que restablecía la tiranía. Seamos sinceros, el 2 de mayo no debe ser una fecha para celebrar sino para llorar. Imaginar lo que pudo ser un siglo XIX español bajo la Ilustración y el progreso y contemplar, por el contrario, cómo discurrió nuestra historia es para inyectarse Prozac en vena… … José Bonaparte intentó desterrar el hambre de las tripas de los españoles y la superstición de sus mentes. A cambio, se le motejaba como “rey pepino” o “Pepe botella”; era abstemio y se le injuriaba de borracho; construyó espacios abiertos para disfrute de los madrileños y le insultaban como “el rey plazuelas”… y mal que le pese a la caverna, la primera Carta Magna en España que consagra “las libertades del pueblo” es el Estatuto de Bayona, obra del francés. Así, no entiendo qué se celebra con la casposa sublevación del 2 de mayo salvo el retorno de la Inquisición restaurada por el rey felón, las guerras carlistas, el “vuelva usted mañana”, la educación religiosa retorciendo espíritus y castrando cerebros, los cuartelazos, las guerras absurdas en África donde blanquearon al sol los esqueletos de infelices que no podían pagar la exención a filas… “celebramos” también las hambrunas en el campo andaluz donde se sacaba un santo de escayola pidiendo lluvia en vez de aplicar los planes agrícolas franceses… “conmemoramos” también el analfabetismo del 70% de los hombres y de casi todas las mujeres, el ridículo contra la armada norteamericana en Cuba y Cavite, los consejos de la demente Sor Patrocinio a reyes y gobernantes, la presión de la iglesia hasta asfixiar cualquier soplo de modernidad en la enseñanza y en la vida pública, tarados haciendo el ganso en Montejurra, el amañado “gobierno por turnos”… … Todo eso y más acarreó la expulsión de los franceses. Muy distinta hubiera sido una España laica y avanzada, preocupada por la ciencia, la industria y la economía y guiada por la razón. Contra todo eso, inconscientemente, se sublevaron muchos españoles el 2 de mayo de 1808. Por ello poco hay que celebrar. Conmigo que no cuenten.
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Recuerdo cuando Zapatero calificó a los dirigentes del Partido Popular, empeñados en bombardear al gobierno español en todos los foros internacionales, incluso contra nuestros intereses económicos, con una frase muy gráfica: “patriotas de hojalata”. El símil funcionó automáticamente en la gente de mi generación, los que habíamos jugado de pequeños con aguerridos legionarios de hojalata pintada, un ejército de juguete que se abollaba con la primera embestida.
También podría llamárseles patriotas de salón (algunos, por su pinta de chulos, incluso de salón de casa de putas) por sus maneras tan particulares de entender la defensa de los derechos nacionales desprestigiando a su gobierno elegido democráticamente. En ese partido -en varios trozos- hay dos ejemplos sublimes, el del hombrecillo insufrible y el de Eduardo Zaplana. Muy patriotas ambos hasta hacerse con el suficiente currículum vitae para ponerlo al servicio de la empresa privada.
Aznar, según hacía el camino del interés público al privado, iba colocando miguitas de pan, como Pulgarcito, por si tenía que volver precipitadamente. Para ello financió con miguitas de fondos públicos un número indeterminado de becas millonarias para su querida universidad de Yorytáun, y así pagarse, con nuestro dinero, reitero, una plaza de profesor emérito que es la risa del universo mundo. Jugada magnífica, porque ahora le devuelven a él lo que hemos pagado entre todos.
Aznar intentó ocultarlo, como la compra de la medalla del Congreso de los Estados Unidos, pero Eduardo Zapana es mucho más transparente. Le grabaron que había venido a la política para forrarse y desde entonces lo lleva con orgullo. Como debe ser.
A un mes de su elección, le importa un bledo dejar con el culo al aire a sus queridos votantes, y se incorpora a Telefónica, a un puesto inventado para él, porque esa es una de las funciones primordiales de las empresas públicas privatizadas por los patriotas de hojalata: dar cobijo a los compañeros de pupitre y de partido político. Entre lo de Pizarro y Zaplana, entrando y saliendo como Perico por su casa, ¿será Telefónica una filial de la FAES de Aznar?
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La verdad es que me gustaría asistir a una comida en casa de los Berlusconi, aunque lo de intervenir en la charla de la sobremesa debe de ser complicado, porque no es fácil compartir el discurso surrealista de la familia. Por un lado se arranca don Silvio y dice que es mejor ocuparse de los transportes que de los homosexuales. Uno piensa: “pues sí, la verdad es que es mejor, parece sensato” y, sobre todo, teniendo una idea de por dónde va el presidente italiano, sería conveniente por el bien de los propios homosexuales que estuviera siempre entretenido en otros menesteres y no se ocupara nunca de ellos. Pero en estas reflexiones andamos cuando sale su señora diciendo que en Italia se penaliza a la mujer en política, que se tiene de ella una visión horizontal. Uno se pregunta ahora: ¿se lo habrá comentado alguna vez a su marido? Cuando habla del machismo que se respira en Italia, ¿lo hace por el ejemplo que vive en casa, o queriendo decir que su marido es sólo un buen italiano? Llegados a ese punto le tocaría el turno de nuevo a don Silvio, que podría decir: “Lo malo de la televisión es que salen muchas tías en biquini bailando coreografías absurdas”. La señora, un poco indignada, abundaría: “O que un imbécil, que está casado, le declare su amor a la presentadora dejando en ridículo a su parienta”. Don Silvio reiría la ocurrencia de su pareja y así, jugando a que son otros, se les pasaría la tarde en un suspiro. Tal vez la felicidad consista en eso, en la inconsciencia total, en no tener referencia de lo que se es, en no ser responsable de lo que se hace o dice, en desconocer el sentimiento de culpa. La vida, al margen de la conciencia, se convierte, entonces, en un maravilloso y puro suceso biológico.
De aquí
La persona que sufre de este desorden se caracteriza por su aislamiento social, llegando a recluirse en el propio hogar. También suelen acumular grandes cantidades de objetos sin ninguna utilidad en sus casas, por creer que pueden darles una utilidad en un futuro.
Emocionalmente están ligados a todas y cada una de sus posesiones y son incapaces de distinguir lo que es de valor de la pura basura.
Leyendo las distintas declaraciones que ha hecho Julio Anguita en su tour mediático, he encontrado ciertas similitudes y situaciones asociadas con este síndrome.
Ni los años, ni los cambios sociales, ni tan siquiera los resultados que acompaña a la coalición y tampoco las experiencias que se advierten en otros países, han hecho replantear nuevas estrategias ni modernizar el discurso del que fuera fundador de Izquierda Unida. Eso es lo menos marxista que “se despacha”.
No someter la realidad a un continuo análisis y adaptar la estrategia y la “praxis” a las necesidades reales y a la situación mutante es sencillamente una acción contrarrevolucionaria, expresado en terminología marxista, de la que tanto presume Anguita. Nada más lejos de la filosofía de Don Carlos, que el dogmatismo en el que vive anclado el Julio Anguita de ahora, que sigue siendo el mismo califa rojo de antes.
El camino del PCE es parecido, en términos de inamovilidad en las ideas y de dogmatismo ideológico al que hundieron al PCF y al PCP. Anguita se retiró a tiempo para que su vida política no acabase como la de Marchais o Cunhal. Pero de esos barros vienen esos lodos y el Partido Comunista no ha evolucionado. Ha funcionado como tapón de Izquierda Unida, ha impedido que la coalición respire por si sola y los Frutos, Romeros, Alcaraz o el propio Anguita, han impedido que el proyecto funcione con autonomía propia. Es por ello que el goteo permanente de dirigentes antes que acabar, seguirá. Y esta vez amenaza con que ya sea irreversible.
Del PCE se fueron feministas como Cristina Almeida, profesores universitarios como Javier Pérez Royo, Diego López Garrido o Amparo Rubiales, históricos militantes como Nicolás Sartorius o Zaldívar, ex alcaldes como Herminio Trigo, europarlamentarios como Fernando Pérez Royo o dirigentes sindicales como Antonio Gutierrez (y hasta Luis Carlos Rejón por otras razones) y así hasta nunca acabar. Antes ya lo hizo Carrillo y su gente, y mucho antes Semprún, Comín, Claudín…
En el apoyo del mundo de la cultura a Zapatero, ya presenciamos destacadas caras de antiguos e irreductibles peceros de antaño. Y detrás de ellos vendrán más. Es la reacción normal cuando llega la asfixia política y la intelectual. Terminarán yéndose Rosa Aguilar y Concha Caballero y no me cabe la menor duda que también Gaspar Llamazares. Acabarán algunos en su casa, cansados de luchar contra los "molinos de vientos" irreductibles de una formación sectaria y monolítica y otros incorporándose a la izquierda posible. Ingresarán para sumar proyecto e ideas. Ni una ni otra deberán ser opciones para desacreditarlos o insultarlos como hoy ha hecho el puro, el único, el guardián de las esencias,Julio Anguita que ha calificado a López Garrido como el "gran traidor".
No debería usar ese calificativo Anguita. Todavía resuenan los ecos de la pinza, de los almuerzos de Anguita con Aznar y el mantenimiento de posiciones de extrema dureza parlamentaria, donde a veces no se sabía si la oposición derechista a los socialistas era la cordobés o la de Aznar. No se olvida el intento de un gobierno de catarsis o pacto a la griega que postulaba el líder de IU para desbancar a González. No se ha olvidado en Andalucía la pinza de Rejón y Arenas, ordenada por el ex alcalde de Córdoba. Acuerdo contra natura que perjudicó, por un lado a los andaluces por el parón institucional que generaron y por otro a los autores de tan rara coalición en las siguientes elecciones. Por cierto, Valderas al igual que Anguita, no parecen aprender de la historia, y eso que en este caso es reciente.
Anguita ha entrado en el debate, al menos en el mediático, con declaraciones que más parecen pretender que huyan los moderados y los renovadores ypara que se queden los sectarios y el núcleo duro del PCE. Creo que ha llegado a la conclusión de que al proyecto de IU le quedan "dos Telediarios y un Informe Semanal". Llegado a ese punto, Anguita prefiere que él y los suyos de siempre, se quedan con los restos del naufragio y desde ahí intentar, siendo muchos menos en el cortijo, repartirse la hacienda y el patrimonio electoral en un futuro. Creo que se equivoca tremendamente. Con discursos como ese, lo único que repartirán será su propia miseria. Pensará él y su reducida cohorte preperestroikal que en "el país de los ciegos el tuerto es el rey" y que "más vale ser cabeza de ratón que cola de léon".
Comenzaba señalando que el afectado por el síndrome de Diógenes se caracteriza por su aislamiento social. También suelen acumular grandes cantidades de objetos sin ninguna utilidad en sus casas, por creer que pueden darles una utilidad en un futuro. Emocionalmente están ligados a todas y cada una de sus posesiones y son incapaces de distinguir lo que es de valor de la pura basura.
Pues ya está todo dicho.
* Los afectados por este síndrome no son conscientes de que lo sufren. Siempre, alguien desde el exterior es quien lo advierte e intenta solucionarlo.
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